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El Court de Doris: Ser padres y madres de tenistas
Jannik Sinner: “Desearía que todos tuvieran los padres que yo tuve”.
Por: Doris Alcívar
“Desearía que todos tuvieran los padres que yo tuve”
Jannik Sinner.
Lamentablemente, no todos los tenistas tienen o tuvieron padres como los de Sinner. Algunos padres gritan a sus hijos desde las gradas durante los partidos. Otros descalifican al rival, lo burlan. Hay quienes llegan a desautorizar al entrenador y se paran a dar indicaciones, insultan a los jueces, pelean con otros padres, incluso hasta fuera de los torneos, dentro de la misma escuela de tenis, discusiones que llegan casi a los “puños”.
Esto está sucediendo en Ecuador y en otros países de Latinoamérica. ¿Cómo enfrentar estas situaciones, en las que el entorno familiar ejerce presión sobre un niño desde pequeño para convertirlo en “campeón”? Esto se está dando cada vez más seguido, incluso desde edades muy tempranas; con niños de 8 o 9 años a quienes se les exige competir, ganar, ser los primeros de un ranking, como único y principal objetivo de su práctica deportiva.
Si bien no podemos generalizar, se da en mayor o menor medida en el tenis y también en otros deportes infantiles y juveniles. Los padres no logran regular las emociones y pretenden que sus hijos sean grandes campeones. En el año 2002, la cadena TYC Sports emitió una campaña en la que imágenes de pequeños niños deportistas eran acompañadas de frases que usualmente los padres repiten después de una competencia. La potente frase final era: “La idea es que lo acompañes a jugar, no que lo obligues a ganar”. Desde entonces, la escalada de acciones que sobrepasa incluso la violencia sicológica y alcanza la violencia física está perjudicando a los deportistas cada vez más.
¿De quién es, entonces, la responsabilidad de frenar estas situaciones? ¿De los entrenadores, de las federaciones, de las instituciones? Son preguntas de difícil respuesta y que derivan en un amplio debate de una serie de aspectos inmersos en la cuestión. Para el padre, el problema es el “entrenador”, mientras que para el entrenador, en el problema es el “padre”.
La relación padre – hijo – entrenador nunca fue sencilla, sin embargo, ahora se ha vuelto más compleja. ¿Los entrenadores deberían “educar” a los padres o solamente ser responsables de la formación de los chicos que tienen a cargo? Para la Coach Desempeño certificada en teoría polivagal, Ximena Beltrán, el rol de los entrenadores no supone “competir” con el de los padres y madres de los tenistas. Al final del día, son los cuidadores quienes pasan la mayor parte del tiempo con sus hijos. Si el padre o madre no decide voluntariamente cambiar de actitud en relación a su comportamiento, poco y nada se puede lograr. No hay manera de obligarlos.
Lo que sí deja claro Beltrán, es que el rol de los padres y entrenadores es ayudar a los chicos a encontrar el balance en su cuerpo y en sus emociones, y ayudarlos a sentirse seguros. Los chicos deben sentir seguridad dentro de su círculo de confianza. Si el entorno familiar en el que se desenvuelve el niño no le da esa seguridad, difícilmente se sentirá bien al jugar tenis. Los gestos, las palabras, las acciones que se realizan después de cada partido, más allá del resultado, es el que permitirá al chico disfrutar del deporte, crecer y por qué no, con el tiempo, desarrollar su talento y obtener otro tipo de resultados. A los 7, 8, 9 años, no se debería pre visualizar a los chicos como deportistas profesionales. Lo más probable es que abandonen el deporte a los 13 o 14 años. Los festivales de tenis, los eventos de pelotas rojas, naranjas y verdes diseñados para edades desde los 5 o 6 años deberían ser recreativos, formativos, para que los alumnos compartan, se involucren con sus amigos, aprendan de trabajo en equipo, disciplina y respeto a los demás y, desde luego, sean felices jugando al tenis.